Tomada de facebook

 

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Algunos temas -incluso- permiten dudar de su existencia: de la existencia de la verdad.

No por ello habría que DEJAR de insistir en encontrarla

Pero son tantos los impedimentos para reconocerla, que enormes mayorías deciden dar la vuelta y no preocuparse nuncapor lo que significa. Por lo que implicarían las verdades en el devenir de la humanidad.

Hay sospechas negadas con énfasis a través del tiempo como la del JEFE del general Mauricio Santoyo, el expresidente Álvaro Uribe Vélez y su vínculo con las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC), conocidas como paramilitares, o paracos… en lenguaje popular.

Tanto que, cuando Santoyo aceptó el 20 de agosto de 2012 ante una Corte del Eastern District of Virginia (Estados Unidos) que sí, que había prestado ayuda al grupo ilegal, el señor Uribe dijo que “desconocía las andanzas de su exfuncionario”.  Y se mostró decepcionado… con tanta convicción, que millones de colombianos lo siguieron adorando.

Le siguen creyendo a pesar de que su hermano Santiago Uribe está detenido e investigado por la Fiscalía a la que suma la Procuraduría. Su primo Mario Uribe, y personas muy cercanas en distintos momentos de su vida política: Sabas Pretel, Diego Palacio, Andrés Felipe Arias, Luis Carlos Restrepo, e incontables nombres más han sido vinculados, señalados, detenidos y demás.

En los próximos días el exgeneral Santoyo acudirá ante la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP) mientras, en paralelo, una parte de la ciudadanía esperamos que el paramilitar confeso, Salvatore Mancuso, extraditado por el mismo Uribe, regrese al país para contar verdades supuestamente ocultas.

A pesar de los testimonios, las denuncias, los encarcelados, muchas dudas permanecen en el aire. Y el señor Uribe Vélez libre e insistente en dominar lo que más pueda. Incluso se dice que maneja al presidente, reconocido popularmente como el SUB

Sí. La verdad es esquiva. Mediada por los sentimientos de sociedades hegemónicas, tradicionales, machistas, consumistas, egoístas, resentidas, misóginas, polarizadas y furiosas…

Sólo hay que detenerse en los contenidos de las redes sociales para sentir esa esencia.

Una sociedad exacerbada la semana pasada cuando a los alcaldes de Bogotá y Medellín, Claudia López y Daniel Quintero se les conmutó a presentar la renuncia a sus cargos.

A López le gritaron “fuera” los petristas, los polistas, y los que incitaron a los violentos a dañar todo lo posible para justificar la presencia del Esmad, (Escuadrón Móvil Antidisturbios) tan señalado, tan culpable, tan odioso y odiado, y ante el cual la alcaldesa dijo que sólo se llamarían en caso de extremo. Pues la extrema derecha lo hizo posible, con otros enemigos de la marcha pacífica para que tuvieran que llamarlos, quienes, igual, cometieron desmanes como lo registran múltiples videos.

También le gritaron fuera a la alcaldesa López por la decisión de Transmilenio por la avenida 68 que se convierte en cien, y que une a la autopista. Ella argumenta que la decisión estaba tomada por Peñalosa, pero sus opositores gritan que NO, que incumplió y que debe irse.

Verdades mediadas porque López fue cercana a Peñalosa y Mockus, aun con las críticas que ha hecho al primero, críticas que no aceptan ni unos ni otros. ¿Tendría que insultar, agredir, maldecir ante los medios? ¿Desconocer su intencionalidad con las mujeres acompañantes de los marchantes?

O habría que evitarle cualquier posibilidad a futuro porque es mujer, lesbiana, ha sido peleonera, o, ¿valdría la pena esperar un poco más a ver qué logra? ¿Valdría la pena recordar sus críticas e investigaciones en contra del mismo expresidente ya mencionado? ¿Será tan falsa como sus opositores vociferan?

En lo personal la he admirado, tanto como cuestionado.

Al igual que a Gustavo Petro. Y a Jorge Robledo. Y a muchos que se ubican en un lado del camino y luego cruzan la calle. Pero con la opción sincera de cruzarla de nuevo en beneficio de muchos.

En medio de las posibilidades, la mentira, la rabia, la tergiversación, la vanidad y el ego. No voté por López, pero no la atacaré de frente mientras no me convenza de que lo merece.

 

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