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Mientras millones veían el SúperBowl, el evento deportivo más importante para los estadounidenses, pude sentarme a ver con mucha comodidad el inicio de la final del Australia Open.

Tengo la costumbre de madrugar todos los eneros para ver ese delire de tenis. No sé si los jugadores aprovechan que vienen de vacaciones, o que llegan al igual que muchos de nosotros con las pilas puestas para el año que llega, pero lo que es claro es que es el evento más competitivo y reñido de toda la temporada.

Mientras observaba el partido me di cuenta de lo rápido que son lo “challenges”, que es la versión del VAR, del tenis. Cuando el jugador siente que el juez falló, levanta la mano y solicita una revisión por cámara. Este proceso tarda pocos segundos, si bien no lo tengo
cronometrado, es apenas el tiempo para que el jugador de limpie el sudor de la cara y siga jugando. La repetición es en una pantalla gigante y frente a todo el estadio.

Creo que cualquier aficionado al fútbol perdería la cabeza al ver la agilidad del VAR en el tenis. Y a la vez pensaba cómo es de ágil la toma de decisiones de penalizaciones en la Formula 1 gracias a la velocidad con la que las repeticiones se dan, y a la variedad de
vistas que ofrecen las cámaras.

En definitiva, el tenis y la Formula 1 no son deportes para Colombia porque es todo lo contrario a lo que estamos acostumbrados en este país.

El VAR del fútbol ofrece todo lo que somos como país: una sociedad que no le gusta que la vean porque se acaba la forma en la que se hace la maña. Tampoco se puede mostrar a todo el público porque las leyes no son claras, y mucho pasa por la subjetividad del juez y la forma en la que este administra la justicia, o el pito.

En Colombia no nos gusta que nos vigilen, o nos controlen. Mucho menos nos gusta que estén pendientes de nosotros, pero es porque no nos dejarán la posibilidad de hacer trampa. Nos gustan las leyes ambiguas, de esas que los tinterillos pueden poner a su favor o en contra de quien les de la gana.

La condición ideal sería que la legislación fuera tan explícita y clara como la Formula 1 o el tenis: donde se puede mostrar en público y no hubieran dudas porque la legislación es lo suficientemente clara.

Pero como eso es lo ideal, solo queda seguir viendo el fútbol colombiano, que es muy malo, pero ahora en repetición. Esperando en que algún día dejemos de pensar que el árbitro puede pitar a nuestro favor y hagamos las cosas porque las leyes son claras.

Finalizo con la frase: “El bien está bien aunque nadie lo haga. El mal está mal aunque todos lo hagan”

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