Por: Horacio Duque.

Son muchas las aristas a observar. Desempeño de la economía, condiciones ambientales, desastres naturales, situación social de millones de seres humanos, eventos políticos, manifestaciones culturales, relaciones internacionales, acciones del gobierno, vida religiosa de las comunidades, en fin.
Hago un apretado balance desde la perspectiva de lo que el filósofo y novelista francés A. Badiou denomina los “acontecimientos verdad”, que son aquellos que van marcando hitos en el curso histórico de las sociedades, los que direccionan rumbos en el devenir de las naciones.

Destaco los procesos políticos articulados alrededor de las elecciones parlamentarias y del nuevo Presidente de la Republica. Los resultados nos están indicando otra configuración de nuestra cultura política. En el parlamento se constituyó un importante bloque alternativo y de oposición política dotado del Estatuto de oposición, que si bien no es la maravilla democrática si es una importante herramienta que oxigena el sistema de poder prevaleciente desde hace muchas décadas.

Más de ocho millones de colombianos, sin que mediaran prebendas clientelares y actuando de manera espontánea y libérrima, acogieron una propuesta presidencial que planteo un horizonte popular y de derechos para los colombianos golpeados por la pobreza y la exclusión.
El regreso del uribismo al poder en cabeza de Ivan Duque es otro hecho que amerita ser registrado al igual que su protuberante perdida de legitimidad y aceptación entre las mayorías de la sociedad.

 

El referendo contra la corrupción y sus casi 12 millones de votos fue un hecho impactante cuyas repercusiones impactan los valores y las costumbres cívicas de los colombianos. Esta movilización multitudinaria traza otro norte a la nación y amplio definitivamente el imaginario social que ya se refleja en la convocatoria a un referendo por la educación y a otro por la reforma rural integral.

La movilización estudiantil universitaria le dio otro contenido a los movimientos sociales y a las disputas políticas. Más de dos meses de huelga estudiantil realzaron el derecho a la educación de los colombianos. Y su impacto involucro otros ámbitos hasta hacer retroceder el sentido regresivo de la reforma tributaria y las trazas del neoliberalismo.

La tragedia corrió por cuenta del asesinato de más de 400 líderes sociales sometidos al peor de los exterminios y genocidios que repiten la historia de violencia en Colombia.

Inevitable registrar la diáspora venezolana como consecuencia de la arremetida Trumpiana contra el gobierno venezolana y de la corrupción.

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