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La profunda revolución tecnológica con la transformación en las comunicaciones que está ocurriendo en las últimas décadas está provocando grandes transformaciones en los individuos y las sociedades del siglo XXI.

Los periódicos prácticamente están desapareciendo y los nuevos sistemas de comunicación, las redes sociales, están generando radicales transformaciones en la manera como la gente percibe (interpreta) las realidades sociales y políticas e igualmente en las decisiones que toman frente a los gobiernos, los partidos y los líderes.

Hoy, casi todo depende de lo mediático.

La estabilidad y capacidad de los gobiernos se deriva de capacidad propagandística de los grupos de poder.

Lo electrónico.

Dice Dieterich (Ver https://www.aporrea.org/internacionales/a286871.html) la percepción de la realidad –estratificada por edad, género, ingreso y nivel cultural– se realiza hoy día principalmente por smartphones, la televisión y las redes sociales.

Adiós a Gutenberg. Su gran innovación quedó en el pasado. El hogar y la mente ciudadana están dominados por la Santa Trinidad de la comunicación electrónica (Ver https://www.aporrea.org/internacionales/a286871.html).

 

El impacto de la prensa escrita es marginal y sólo atañe a un grupo de élite informativa. Que ésta sobreestime su importancia e impacto, es natural. Es la deformación narcisista típica del profesional de cuello blanco. La realidad es, sin embargo, que la prensa vendida –en ambos sentidos– ni llega a la juventud, ni a las masas, ni a la tercera edad. Toda estrategia mediática gubernamental, que no tome en cuenta esa topografía de la guerra mediática contemporánea, ejecuta una guerra contra los molinos de viento, pérdida de antemano, independientemente de sus contenidos particulares, agrega Dieterich.

El campo de batalla decisivo por la gobernabilidad lo delinean las tres formas de comunicación digital (móviles, tv y redes). Es ahí, donde una inversión de recursos y talento generará el mayor rendimiento para la estabilidad y credibilidad de los gobiernos y líderes, sugiere Dieterich.

Las fallas en la comunicación y el trabajo con las redes, la tv y los móviles tienen fatales consecuencias para los gobiernos locales y regionales. La debilidad comunicacional electrónica será un desastre para los gobiernos recién instalados el pasado 1 de enero.

Leer libros no sirve mucho en la batalla política.

Algunos creen equivocadamente que basta con leer los periódicos o algunos escritos.

La verdad es que no es la actividad de “leer” la que transforma, sino el estudio sistemático de un libro adecuado con un maestro adecuado. Estos tres elementos en su conjunto son los demiurgos de la concientización. Sin selección de un buen libro formativo, una buena metodología (hermenéutica) de comprensión científica y poética (el eros griego) y un buen tutor, no hay transformación (mayéutica) de la personalidad del educando, afirma Dieterich.

La gente ya no lee los periódicos. Y si los lee, es poco el impacto en su conciencia y percepción, interpretación de la realidad social. En rigor, los periódicos no son parte de la industria productiva, sino extractiva. No producen información, sino que extraen plusvalor social vía el Estado hacia sus bolsillos privados.

En cambio, la densidad de telefonía móvil pasó de unos 57 usuarios por cada 100 habitantes, en 2007, a unos 97 por cada cien, en la actualidad (Dane). Hay alrededor de 47 millones de smartphones en Colombia y la televisión es omnipresente. Alrededor de 45 millones de colombianos con acceso al internet tienen una cuenta de Facebook. En resumen, la puerta de acceso a la mente pública en Colombia es electrónica: teléfonos inteligentes, redes sociodigitales y la televisión, que son usados por todas las clases sociales, milenarios y la tercera edad.

Tanto el sentido común, como las ciencias comunicativas y los costos de oportunidad indican, en consecuencia, qué una estrategia comunicativa eficaz para los gobiernos y los lideres políticos debe centrarse en los medios electrónicos, ser creativa y estratificada, en función de las clases sociales, identidades y la demografía del país.

Si esa es la tendencia, lo único eficaz que queda por hacer es la transformación de los medios electrónicos a la mano. Hay que optimizar el trabajo de los canales públicos de televisión (Telecafe), para dar a conocer las obras ejecutadas y fomentar las redes sociodigitales crítica porque esos canales públicos actualmente son aburridos. Particularmente, sus noticieros y paneles no impactan. Son timoratos, cortos, artesanales, sin newsbreakers y sin configuración y dirección por conductores carismáticos e incisivos.

Mirar Fox News y Russia Today.

Los programas más sofisticados del “manufacture of consent” se utilizan en Estados Unidos y hoy, particularmente, en la cadena televisiva más exitosa de Estados Unidos, Fox News. Ahí están todos los modelos de impacto que, calibrándose con una pequeña dosis de ética, serían de suma utilidad para la causa de las fuerzas alternativas. Por ejemplo, el formato de las entrevistas de Chris Wallace o la Greg Gutfield Show o The Five. Igualmente, Russia Today es un paradigma, digno de emular.

Si la hipótesis es correcta, de que la percepción de la realidad decide alrededor del 65% de opiniones a favor y en las votaciones, entonces no debería confiarse en que el efecto de las buenas obras del gobierno garantice el triunfo. Hay que meterle a los medios con mucha energía.

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