Como alto funcionario del Estado, indignado por los abusos del poder, reclamo que el Estado no siga sembrando nuestra tierra con las vidas de nuestros niños y de nuestros jóvenes, cuando debemos sembrar esperanza, paz y democracia.

No a los vándalos, no a los terroristas, no a la violencia. Pero si queremos superar esta crisis nacional, en primer lugar debemos decir no a los vándalos, no a los terroristas, no a los violentos que arropa el propio Estado.

El asesinato de Dilan Cruz nos acongoja y expreso mi condolencia y solidaridad a su familia, a sus amigos, a todos los estudiantes indignados por esta muerte.

Como defensor de DDHH durante más de treinta años, frente a las movilizaciones pasadas y movilizaciones en curso, les invito a que sigan haciéndolo en paz, con arte y música, con la extraordinaria imaginación con la que han llenado las calles y plazas del país, pero no hay que llevar a Colombia hacia atrás, como desafortunadamente lo provocan algunos de sus dirigentes.

¡No permitan que los infiltrados destruyan la inmensa fuerza reivindicatoria y transformadora de estas movilizaciones!

¡La violencia es negocio de minorías, cuando la sangre que se derrama es la de los humildes!

Que estas movilizaciones sin precedentes en la historia nacional no nos conduzcan al caos y la respuestas autoritarias que algunos pregonan.

Por la memoria de Dilan Cruz, de Cristina Bautista, de tantos y de tantas a los que se les ha cegado sus vidas por defender sus derechos, debemos honrarles con hechos de paz y de civilización.

Al Gobierno Nacional a los dirigentes de todos los partidos, a los altos dignatarios del Estado, a todos los servidores públicos, a los abnegados policías y soldados que cumplen con su deber, a todos los que ejercen un liderazgo en la economía, en las ciencias, en la cultura, en la política, en los deportes, en las religiones, en los liderazgos sociales, les llamo para que comprendamos y y nos pongamos de acuerdo en un único mensaje: que llegó el tiempo de la palabra. No más balas, no más piedras, no más gases, no más bombardeos, no más granadas aturdidoras. ¡Es el tiempo de la palabra!. Que nos escuchemos sin más estigmatizaciones.

La Colombia profunda, rural y urbana ha cambiado.

Las movilizaciones pacíficas nutren otra alma nacional, nace un nuevo país, la opción es profundizar la democracia, acordar en diálogo nacional las transformaciones profundas que el pueblo reclama y Colombia necesita.

Luis Guillermo Pérez Casas
Magistrado
Consejo Nacional Electoral

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