Por: Horacio Duque

Gradualmente el Presidente Duque va tejiendo su esquema de gobernabilidad con los integrantes del poder legislativo.

Para los próximos días se anuncian reuniones con los representantes de los partidos y movimientos afines al gobierno con el fin de consolidar unas mayorías mas estables que den soporte al tramite de los proyectos de Ley prioritarios para implementar el programa de gobierno que se reflejara en el Plan de Desarrollo (2018-2022).

Pero el paso mas impactante en ese sentido es la inclusión en la reciente reforma tributaria del Fondo de Inversiones de Iniciativa Congresional, el cual revive la podrida mermelada santista otorgada a manos llenas por el anterior gobierno a las bancadas parlamentarias que acompañaron sus políticas dando pie a los descomunales escándalos de corrupción y al saqueo descontrolado de los dineros del Estado en Reficar, lasa regalías petroleras regionales, los programas de alimentación escolar, las inversiones de paz, las Eps y en las obras de infraestructura.

 

Con este nuevo Fondo de Inversiones los congresistas recobran la iniciativa del gasto que le estaba vedada, pudiendo presentar y aprobar proyectos de inversión específicos, hasta alcanzar el 20% del presupuesto de inversiones.

Sabemos que el articulo 355 de la Constitución Política prohibió desde 1991 los cupos para los senadores y representantes, sin embargo, al poco tiempo los “auxilios parlamentarios” fueron sustituidos por los denominados “fondos de cofinanciación” y el “Fondo Interministerial”. Posteriormente estos se transforman en los cupos indicativos o los “recursos regionales”.

Desde una perspectiva moderna la participación de los parlamentarios en las inversiones del gobierno no debería ser un factor de alteración del funcionamiento del Estado. Es apenas obvio que al hacer parte de la organización publica participen de la planeación y ejecución de los gastos de inversión.

Pero el hombre surge cuando tal actividad se presta para la manipulación política y para la desviación de tales dineros que terminan en los bolsillos de los parlamentarios y sus allegados y no en las obras que demanda las comunidades en los municipios y departamentos o en obras como la de la paz.

Lo de la mermelada fue fatal y ahora lo de la Neomermelada será una robadera sin fin de los amigos del gobierno que se han acomodado para seguir deslechando el Estado.

Vendrán mas Ñoños Elías Y Musas Besailes con los correspondientes desfalcos de los dineros públicos, lo que ha rechazado con mucha contundencia la reciente Consulta anti corrupción a la cual se le está haciendo conejo por todos los flancos.

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