Por: Ricardo Villa Sánchez @rvillasanchez

El departamento del Magdalena, cuenta con complejos indicadores en materia de pobreza y desigualdad. Sólo en el índice departamental de competitividad, está de puesto 18 entre 26; presenta una Tasa de Alfabetización menor o igual a 92%; más del 50% de diferencia en PIB Per cápita con el nacional (8,8 Vs. 17,7); y, por ejemplo, así la Tasa de Ocupación, en mercado laboral sea de 52.9%, no obstante, de manera paradójica, las cifras de desempleo (7,4) y de desigualdad (Gini 0,485), son más bajos, en proporción a los niveles nacionales, que rodean el 9,4 y pasan de 0,508.

La Tasa de desempleo sólo es la punta del iceberg. Debajo de su cresta, nada una gran informalidad laboral, empleo precario y de baja calidad. Quizás por esto, las políticas de trabajo decente, buscan generar empleo digno, hacer sostenibles las empresas, garantizar los derechos fundamentales del trabajo, reforzar el tripartismo y el diálogo social, y extender la protección y la seguridad social.

 

 

Con base en estos componentes, se podría analizar con cifras, la isla debajo. El Magdalena cuenta con un subempleo subjetivo de 31,2%, o con altas cifras de informalidad laboral ─75.2 es la proporción de informales─ y empresarial. El desempleo juvenil llega al 15% y el femenino rodea el 14%. En 2017, sólo el 23,3% de los ocupados cotizó a pensiones, el 34.7% están afiliados al régimen contributivo en salud, el 14,8% a Cajas de Compensación y el 21,8% está incluido en riesgos laborales. En el 64,7%, su ocupación es independiente y sólo cerca del 25% son asalariados. Podría decirse que es un departamento, en sí, emprendedor, en un país en que sólo el 16% de estos mismos, concreta su intención de formar empresas, sin embargo, su vocación turística, de comercio y agroindustrial, es limitada a pocos productos y servicios, al punto que la industria manufacturera sólo llega al 3,6 y la economía naranja al 2,6%, con un ingreso promedio de los ocupados de $718.000 pesos frente a $1.016.000 en lo nacional, según FILCO del Ministerio de Trabajo.

Habría también que revisar la cuestión de la medición de la pobreza extrema. Según el Dane a 2017, con16.2%, superamos el doble del porcentaje nacional, que está en 7,4%. En cuanto al NBI con 47,6%, el porcentaje varía en las subregiones, por ejemplo, entre la capital Santa Marta, con 29,03%; Ciénaga, en la Subregión Norte, con 43.81%; en la Subregión Río, Pivijay con 47,56; Plato, en el centro, con 63,61; y Pijiño del Carmen, en el Sur, con la alarmante cifra de 83,16%. A pesar de sus posibilidades económicas, adentrarse al sur del Magdalena, pareciera que significara encontrarse con unas de las mayores pobrezas del mundo.

El Departamento requiere que se implemente una política pública eficaz de igualdad de oportunidades de acceso al trabajo decente. Además, mucha inversión social con presencia institucional, para que se avance, en salud, vivienda, saneamiento básico, desarrollo sostenible, verbigracia, en una mayor cobertura de la educación superior pertinente, en las subregiones, ya que más del 80% de quienes ingresan a la universidad, son de la capital. De manera urgente, demanda la navegabilidad del Río Magdalena y la conectividad multimodal ferroviaria, de carreteras y de aeropuertos subregionales, que permitan la comercialización de los productos de sus tierras fértiles. Todos estos mega proyectos estratégicos, necesitan de un amplio diálogo social, entre los actores claves del territorio, para que cuando se ejecuten, vinculen con empleo digno a la mano de obra local. Con brechas tan extensas en mercado laboral y empleo digno, con una amplia desigualdad, pobreza, y poco acceso a bienes y servicios, hacer realidad el trabajo decente en el Magdalena, con bienestar social, demanda un gran Pacto por la Lucha contra la Pobreza y la Desigualdad en el departamento. Ojalá esto lo piensen, en estas calenturas electorales, quienes aspiran a la Gobernación del Magdalena.

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