Por: 

Estimado Fermín, convoqué a varios amigos, la mayoría un poco muertos o ya en desuso, para atreverme a dialogar con ellos sobre la magnífica introducción del libro del investigador del IEPRI, doctor Francisco Gutiérrez, titulado “El orangután con sacoleva”.La pregunta central que se hace es: “…por qué hemos sufrido esta coexistencia estable entre institucionalidad democrática y represión…”. Esta forma de preguntarse por el país valida los calificativos de Estado y Democracia de Colombia, y además suscribe de manera significativa el concepto de Violencia Política del CINEP. Pienso que esta manera de leer el país está tan anclada en el inconsciente colectivo de algunos sectores de avanzada, que la mayoría lo recibieron con beneplácito.

A título personal considero que el meticuloso trabajo de recolección de datos del doctor Gutiérrez es extraordinario y merece profundo respeto. Sin embargo, su metodología no permite al lector apreciar la grandeza del negro y el rojo, amarillo, verde, naranja o violeta, en fin, del arcoíris de la bandera Wiphala, por decir menos. Éste es el riesgo de la perspectiva monocromática.

Ante mi desconcierto, releí algunos pasajes de las Confesiones de San Agustín y me reafirmé en idea de la necesidad que tiene el país de elevar la conciencia de sus problemas, todos a la vez, para encontrar la realidad de su verdad, amor/alegría y belleza. Esta premisa me la reforzó la apreciación de la pintura de Débora Arango y de Obregón, de la poesía de Carranza padre e hija, la música de Jorge Veloza y Adriana Lucía, la arquitectura de Rogelio Salmona y las colecciones de Silvia Tcherassi.

Enseguida pase al libro de Pennethorne Hughees, La Brujería, pues en sus primeras páginas, años atrás, yo había encontrado sentido al título de otro libro, El Embrujo Autoritario. Sobre dichos antecedentes recordé que “La brujería (…), es supervivencia histórica de algunas viejas religiones que buscaban la fertilidad, cuyos ritos y organización lucharon en la oscuridad, apoyándose con preferencia en las mujeres, contra el materialismo dominante durante el desarrollo de Occidente. Miran con mucha simpatía la oculta fe de las brujas. (…)”. Me pregunte enseguida: ¿cuáles fueron los ritos y organización que lucharon en la oscuridad, apoyándose preferentemente en las mujeres?

Como buen voyerista y contemplando el territorio nacional en un viejo atlas, mi mirada se centró sobre todo en el Valle de Aburrá y el Pacífico, sin olvidar, por supuesto, la sabana Cundiboyacense. El trabajo y organización de las maestras de primaria y obreras en el país fue definitivo para que las pocas semillas germinadas de la “Nueva Escuela” pudieran parir a hombres como Gaitán o Echandía o mujeres como Virginia Gutiérrez de Pineda, Josefina Valencia de Hubach y Esmeralda Arboleda Cadavid (pido Fermín que no sólo te detengas en el análisis de su filiación política sino en sus vidas y pasiones, que es lo que verdaderamente refleja el sentido del corazón del animal denominado humano).

 

Así mismo, la ideas delsuizo Adolphe Ferriere, entre otros y otras, brindaron las herramientas para que en algunos establecimientos educativos se tuviera una actitud de dignificación de los niños y niñas, que, junto con una metodología activa, desarrollaron un espíritu crítico y fraterno, muy conscientes del valor de la libertad / responsabilidad. En esa labor hay que resaltar que fueron en su gran mayoría las mujeres de saber, las que sentaron en los corazones de los hombres y mujeres de toda una generación la importancia del equilibrio de esa dupla. Con esta afirmación no quiero levantar un manifiesto sexista o que desconozca la historiografía tradicional de movimiento obrero, las instituciones políticas o la macroeconomía en Colombia, sino hacer una acción afirmativa en favor de un sujeto político preso de invisibilidad.

En la nueva escuela se purgó el miedo de los corazones y se permitió abrir camino a la popularización la democracia, la fraternidad, la igualdad y la libertad / responsabilidad, en el sentido más genuino, tal como la interpreta Estanislao Zuleta en varios de sus textos. Esta efervescencia sólo fue contenida cuando, entre otras circunstancias y tras el homicidio de Gaitán, el monopolio de la fuerza y el miedo fue reagrupado por los orangutanes con sacoleva, y volvimos al país de cafres, en palabras del maestro Echandía.

Con lo aquí expuesto quiero invitarte, amigo Fermín, a que le propongamos al IEPRI de la UN que le digamos NO a la monocausalidad y que aún siendo monocausales, le apuntemos a uno de los elementos estructurales de la violencia y la construcción del Estado, como lo es el monopolio legítimo de la fuerza y las armas. Jeffey Gray, en la sicología del miedo, señala que el comportamiento neurótico contiene grandes dosis de miedo y angustia, elementos que se generan en la desprotección ante las amenazas en las sociedades del riego.

Pues bien, sólo por mencionar el comportamiento de algunos sectores sociales frente a la protesta social actual, tomemos como referencia las declaraciones de Angelino Garzón en diciembre de 2019 ante un clamor nacional: “Frente a la petición que ellos han hecho de que mañana se garantice la no presencia del Esmad, en todo el país, nosotros les hemos dicho con toda sinceridad, y lo digo públicamenteque en el momento en que el presidente tomara esa decisión, prácticamente se cae el Gobierno”. No sé si esto es un acto ético o una amenaza flagrante, pero lo cierto es que sí es un ejercicio de poder propio de la guerra psicológica muy “orangatunesco”, que debe ser contenido y sancionado por los mecanismos que operan elmonopolio legítimo de la fuerza y las armas.

En otra epístola delinearé las bases de un posible abordaje multicausal.

Con aprecio.

Raúl Porras.

Leave a Reply