En Gris:

Pensaba en ello, despacio, dando vueltas entre ideas y sueños de chicos y chicas estudiantes y de frente, repasaba la expresión de grandes reporteros y escritores; recordaba a quienes ya se fueron por viejos y mantenía viva la imagen de los rostros de aquellos a quienes les dispararon por ser valientes y hablar verdades en un país tantas veces tan cochino, y sí… nadaba en ello intentando coherencias… ¡cuando fue!: así, de sopetón, las redes sociales me lanzaron al intercambio de ofensas y maltratos entre Vicky Dávila y Hassam Nassar. ¡Una vergüenza! que no voy a comentar: lo siento como un paréntesis circunstancial en el mar de ideas que trataba de hilar con respeto por el que sí creo, es un oficio tan maravilloso como exigente. Muy exigente. Cada vez más. Mucho más

Si a alguien le despierta curiosidad (o morbo) la pelea entre Dávila y Hassam, facilito el link.


Pero lo mío es otro tema:
Para mí es válido insistir en lo que el Premio Nobel de Literatura, el mismo que empezó Derecho pero fue redactor, y cronista, y opinador en El Espectador, y promotor de la revista Alternativa, y amigo de Fidel, de Fidel Castro y muy seguro también de Fidel Cano el papá del actual director del mismo diario, Fidel Cano Correa, él, el gran Gabo, llamó el oficio más lindo del mundo.

Para mí es válido insistir en la idea del sociólogo, escritor y también reportero en esa Colombia profunda que se sigue desconociendo y a quien también El Espectador publicó hasta el fin de sus días: Alfredo Molano Bravo. E insisto en su afirmación sobre la importancia de ejercer el periodismo como un puente que permita cumplir los sueños de las mayorías. Los sueños de las mayorías en cumplimiento de esa función informativa bañada de pedagogía. Y no, nunca, en las mezquindades del poder que a la final, es tan sólo un imaginario. Para mí, el periodismo que vale es el que se cubre de ética, según nos lo dijo una y otra vez Javier Darío Restrepo hasta que el año pasado, cuando a sus 86 años y luego de dictar un taller para periodistas en Medellín, la vida definió que su labor estaba cumplida a cabalidad. Y así se fue, dejando como herencia un incontable número de libros escritos y leídos.
Ese es el periodismo que celebro. El mismo que ejerció don Guillermo Cano Isaza a través de la Dirección de El Espectador y los escritos en su Libreta de Apuntes, por lo que el narcotráfico lo mandó a matar en una noche previa a la Navidad del año 86.

El magnicidio de don Guillermo está rodeado de muchos otros hombres y mujeres valientes que le apuestan a ese oficio que exige los cinco sentidos de los que habló el gran corresponsal de guerra Ryszard Kapuscinski: cinco sentidos condensados en estar, ver, oír, compartir y pensar. Estas ideas de grandes hombres son las que importan en el periodismo de hoy y de mañana. Hombres y mujeres que a pesar de todo siguen empecinados en cumplir la función del periodista, sorteando todavía grandes miedos ante las amenazas que tantas veces se tradujeron en muerte.

Porque el informe que presentó el lunes pasado la Fundación para la Libertad de Prensa (Flip), titulado Callar y Fingir: la censura de siempre, da cuenta cómo siguen amenazando y asesinando periodistas en especial, en esa Colombia profunda que develó Molano.

https://flip.org.co/index.php/es/publicaciones/informes-anuales/item/2463-informe-anual-2019-callar-y-fingir-la-censura-de-siempre
Y sin embargo asombra el número de facultades y de egresados de las mismas: cinco mil al año, dijeron en la entrega de los premios del Círculo de Periodistas de Bogotá (CPB), el viernes 7 de febrero.
Y asombra aún más que, en medio de un panorama complejo, en el que se incluye el despido de 1.100 personas de medios de comunicación en los últimos cuatro años, según el mismo informe de la Flip, se observan trabajos de la calidad que premió el CPB.
Este link, el de la premiación, a continuación:
https://www.facebook.com/elespectadorcom/videos/628346061313993 Cierro asegurando que el oficio más lindo del mundo, en el contexto enunciado, de número de facultades, egresados, despidos, en verdad aumenta su relevancia tanto como su exigencia.
Los chicos y las chicas estudiantes deben de saber lo máximo. Y lo máximo es mucho.
En todo lo que vamos a insistir cada día y cada 9 de febrero, Día del Periodista en Colombia, en recordación a la aparición en 1791 del Papel Periódico de Santa Fe de Bogotá, bajo la dirección del bibliotecario, periodista, ensayista y poeta, Manuel del Socorro Rodríguez. Su circulación permaneció hasta 1797.

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