Por: Horacio Duque.

El Paro cívico o laboral o el de la paz, si se quiere, ya es un hecho. Hará sentir su musculo este jueves 21 de noviembre. El mismo se filtro en el alma nacional de los colombianos y ha cobrado la forma de un potente movimiento social con toda su carga transformadora de los problemas que azotan a millones de ciudadanos tanto en la parte laboral, como social, como en la vida de los lideres, como en la seguridad y en la incapacidad gubernativa del actual jefe de la Casa de Nariño.

El Paro tiene belleza con Reina, y sintonía con juglares protestando. No es un acto delirante de la izquierda prehistórica que vive en el desfase crónico. Es toda Colombia volcada en un mismo propósito. Así que no es una correlación de debilidades sino una suma de muchas voluntades en disposición de hondo calado histórico y de poder.

En el paro del jueves hay tanto estrategia como táctica.

No será solo el evento del día 21, es tanto el acumulado que explota en dicha jornada como los sucesos posteriores con los repertorios propios de la acción colectiva. Al efecto hay que recordar la prolongada huelga universitaria del año pasado (2018), hasta que Duque, presionado por la movilización, debió hacer un pacto medianamente adecuado a las demandas universitarias. O retomar la sostenida, por semanas, lucha de la Minga indígena que alcanzo importantes logros no obstante la mezquindad oficial.

El Pliego.

Para el jueves 21 hay un Pliego de demandas referidas al modelo laboral y pensional neoliberal que Duque, en acuerdo con el capitalismo global del FMI, va a imponer  “gota a gota” en adelante, aunque ahora lo niegue y se rasgues las vestiduras; es el “modelo chileno” ampliamente repudiado por la ciudadanía de ese país; demandas sobre la efectiva implementación constitucional y legal del Acuerdo de paz con las Farc, que el uribismo ha hecho trizas, con nefastas consecuencias en la vida de cientos de líderes sociales, indígenas y reincorporados de las Farc, sometidos al más espantoso exterminio por parte de grupos neoparamilitares aupados por militares y policías cargados hacia las teorías del enemigo; peticiones para que se frenen los bombardeos asesinos a los niños campesinos por parte de la Fuerza Aérea; exigencias para que se atiendan casi 9 millones de victimas de la violencia, apoyados en simulacro con programas de asistencia efímera, plagados de corrupción protagonizada por las fichas del uribismo y de sus socios liberales; demandas para hacer efectiva la lucha contra la corrupción protagonizada por una elite política venal, cargada de privilegios y en situación de impunidad por la crisis del sistema judicial.

La crisis política y la renuncia de Duque.

Pero conviene anotar que el corazón de la movilización nacional del jueves apunta a la crisis política del régimen uribista del señor Iván Duque y a la formulación de un modelo alternativo de democracia ampliada que garantice la paz entre la comunidad. El desbarajuste institucional del Estado, del gobierno y del sistema de gestión utilizado es la base de la complicación de todos los problemas que azotan a millones de personas, es la base del morbo político que nos trajo el retorno siniestro del uribismo y potencia la protesta cívica.

El ejemplo chileno.

Chile indica la lógica de esta movilización social. Allí hay un repudio en masa del sistema político, de su podrida elite política y la exigencia de una Asamblea constituyente que siente las bases de un nuevo orden político. Ese el resultado de las acciones de masas que se suceden casi todos los días desde el 18 de octubre y que la rosca pinochetista intenta superar con un simulacro que deje todo tal cual esta en favor de la oligarquía empresarial, burocrática y política.

Protesta pacífica.

La protesta del 21 N será pacifica y contra la voluntad del gobierno pues esta ya ha preparado, con lenguajes invertidos, el vandalismo para justificar la acción violenta del Esmad; desde los oscuros laboratorios de la provocación policial están en curso los planes de infiltración de las marchas para apalancar la arremetida sangrienta de los piquetes del Escuadrón anti disturbios, con muertos, heridos y lisiados oculares.

Uribismo cierra filas frente al Paro.

 

El indicador evidente de lo que será el comportamiento violento del régimen el próximo jueves es el enroque uribista del gabinete presidencial. Los dos nuevos ministros, el de Defensa y la Canciller, indican el mayor empoderamiento de la ultraderecha fascistoide, narco y parapolítico del actual régimen. El uribismo retardatario y delirante ha cerrado filas para arremeter con toda, a la manera como ocurre hoy con el golpe de estado bíblico y policial de Bolivia, y aplastar el justo movimiento ciudadano del jueves 21. Frente al paro, hay una nueva realidad, el uribismo ha copado los lugares neurálgicos del gobierno y el poder.

Como lo sugiere el “pájaro laureanista” Nieto Loaiza “si le toca, el Gobierno: no puede dudar ni por un instante en usar la fuerza necesaria y proporcional (como lo ejecutan en Bolivia y Chile) si lo obligan a ello. Si muestra debilidad, se lo tragan los acontecimientos” (Ver https://bit.ly/2KuIceG ).

El paro lo va a lidiar una Derecha endurecida y una ultraderecha haciendo demagogia con el tema laboral y pensional.

Los retos del Paro.

El reto, obviamente, para las fuerzas progresistas y los lideres del Paro, es más nervio político, más cohesión, más organización y más capacidad argumentativa para interpelar el sentido común del pueblo.

Así que lo esencial del Paro del 21 N es la negociación del Pliego de demandas que Duque y su rosca ignoran olímpicamente.

Hay que exigir en la calle, en la huelga, en la toma de vías, en las manifestaciones, que se organice la Mesa de negociaciones y que se definan acuerdos puntuales en todos los temas planteados. Especialmente en el de la paz.

Que se vaya Duque.

Es probable que la huelga general proyectada llegue hasta el tema de la renuncia del señor Iván Duque de su actual cargo dada su evidente incompetencia y complicidad criminal con el asesinato de niños campesinos en los bombardeos de la Fac y con el exterminio de cientos de líderes sociales. Esto no se debe descartar si miramos el repudio ciudadano recogido en las encuestas de opinión, casi el 70% desaprueba su gobierno. A la misma conclusión llegaron los chilenos y al día de hoy es una de las principales demandas de los ciudadanos golpeados por la brutal violencia de carabineros que ha dejado mas de 30 muertos y más de 200 jóvenes ciegos por el efecto letal de los perdigones.

En el paro del jueves están en juego muchos sueños de los colombianos que han mostrado disposición y voluntad para derribar el muro de la dominación oligárquica de la parapolítica fascista y violenta del uribismo.

Vamos todos al Paro.

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