Juan Carlos MT

Este año empezó conclusivo. La década de los años 20 viene con mucha energía, más de la que todos esperábamos después de tan nefasto final del 2019.

En apenas un mes ya tenemos a Trump y la noticia del general Soleimani, también el inicio del final de la guerra comercial entre China y Estados Unidos, la oficialización del Acuerdo del Brexit, y cómo no, el coronavirus.

De todas estas noticias la que más impacto ha tenido, por su potencial daño a la humanidad es el coronavirus.

Hoy dicho virus es titular en todos los medios de comunicación del mundo, llenó la agenda mediática y nos hizo reflexionar de nuestra vulnerabilidad ante los espectros que desconocemos de muchas ciencias como la medicina.

La situación es tan compleja que declararon emergencia a nivel internacional, acto que solo ha ocurrido cinco en los últimos doce años: Gripe H1N1 (2009), los dos brotes de Ébola (2014 y 2019), Polio (2014) y el virus del Zika (2016).

Ya son más de diez millos casos confirmados, de los cuales el 98% son en la China continental y cuenta con una tasa de mortalidad cercana al 2%. Y de todo esto a lo que más le tememos es no saber cómo se comporta o si tendremos la posibilidad de contenerlo.Afortunadamente en Colombia aún no se han reportado casos de infección de este mortífero virus. No obstante, tenemos otros quehaceres con nuestros propios problemas, de los que nos hemos hecho de la vista gorda y por muchos años – tal vez décadas – hemos evitado.

El Dengue es una enfermedad tropical, transmitida por el zancudo de patas blancas, inicialmente genera fiebre y malestar en articulaciones, al igual que dolor muscular y dificultad para moverse.

Al mes en Colombia, según fuentes del Ministerio de Salud y Protección Social, se infectan en promedio seis mil personas con la mencionada enfermedad. La tasa de mortalidad en el país es del 1,56%. Sin embargo, lo más alarmante de la cifra es la baja capacidad que tenemos para atender un brote como el que está viviendo el país en este momento.

En las grandes ciudades no hay mayor inconveniente. En Cali, por ejemplo, donde se han detectado algunas muertes en esta semana por la enfermedad tropical, es fácil su diagnóstico y tratamiento.

No obstante, en las regiones más apartadas, en los municipios y corregimientos dónde los exámenes médicos necesarios para la identificación de la enfermedad más nada que una utopía, las cifras oficiales son confusas. Incluso hay reportes en los que se sugiere que “No hay información suficiente para reportar el deceso a causa del Dengue”.

El Dengue es apenas la punta del iceberg, hay que revisar con más detención las cifras de atención de las personas que sufrieron Zika o los que sufrimos Chikunguya, para darnos cuenta que tenemos un enemigo más peligro respirándonos en la nuca, volando sobre nosotros y esperando a atacar.

En Colombia deberíamos dejar de hacer inspecciones de dónde viene, para dónde va o el itinerario de quienes arriban al país; y en cambio deberíamos abrir los ojos y procurar la mejora de los acueductos y alcantarillados del país, evitar las acumulaciones de agua que permita la formación de zancudos trasmisores y, sobretodo, dejar de creer que porque el punto de salud quede lejos tiene menor importancia que uno en la zona norte de Bogotá.

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