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Existe una amplia coincidencia entre distintos observadores de la protesta, el paro y la reciente movilización social, caracterizada por su fuerza multitudinaria, en el sentido de que se trata de un fenómeno político que cambió profundamente el campo político de la sociedad y el Estado colombiano. En adelante el control e influencia sobre la ciudadanía no será el de los viejos o nuevos partidos políticos, sean de derecha o de izquierda. Menos lo tendrá el viejo sindicalismo y las formas corporativas de los movimientos sociales de los años 60.
El reciente encuentro de organizaciones sociales adelantado en Bogotá durante los días 30 y 31 de enero, saco a la luz publica una aguda fractura en la dirección de la protesta que viene desde las manifestaciones del 21 de noviembre. En realidad, se trata de un choque de facciones afincadas en diversos procesos sociales. De un lado están las viejas centrales obreras (CUT, CGT y CTC), junto a universitarios y a otros matices controlados por el Moir, y del otro están los aparatos agrarios y estudiantiles asociados a las marchas del 2013 que se apropiaron de grandes privilegios presupuestales, otorgados por el santismo, desviados para el enriquecimiento de clanes familiares y gremiales: caso Cumbre agraria, Fensuagro (Ballesteros, la ficha de Timochenko allí), Ascamcat (familia Quintero) y otras de su misma cuerda. Es el viejo agrarismo reformista de las Farc.
Estas corrientes coinciden en el Pliego de los 104 puntos y en la necesidad de la negociación con el gobierno en una Mesa organizada para tal fin.
Pero, lo que esta indicando la pugna en cuestión es la falta de un liderazgo alternativo y legítimo de los nuevos movimientos sociales como actores protagónicos en la sociedad colombiana del siglo XXI. Aunque en honor a la verdad, la presencia del senador Gustavo Petro ha llenado en parte ese vacío gracias a su capacidad argumental, oportuna reacción ante el sistemático asesinato de los líderes sociales y sus propuestas para rescatar la parte social de la Constitución del 91, mediante la anulación de las Leyes 100, 50, 30 y otras emblemáticas del modelo neoliberal.
Desde luego, de tal hecho no se debería inferir una sin salida del movimiento social. Este llego para quedarse durante muchos años en el país. Por ahora, en su nuevo nivel, todo parece muy espontaneo, aunque no caótico. Se necesitará cierto tiempo para que el movimiento social construya su propia forma política y programática. Como señala Franco, para el caso de Chile, bastante análogo al nuestro, “la ausencia de una dirección política capaz de dar una expresión consistente y de largo aliento al descontento popular es, sin duda, fruto del vacío dejado por el colapso programático de la vieja izquierda (y del viejo sindicalismo), fuertemente golpeada por sus catastróficas derrotas, y de la enorme confusión que impera en la mayor parte de las corrientes emergentes, que se traduce en una enorme dispersión política. Pero, agrega, de hecho, en toda movilización espontánea siempre es posible descubrir, en sus formas de manifestarse, variados elementos de conciencia y aun, por elementales que parezcan, de organización política, aunque solo sea como resabios de una conciencia histórica fecundada de múltiples maneras por las ricas experiencias de lucha del pasado” (ver https://www.rebelion.org/noticia.php?id=263671 ).
Franco añade allí que “de una manera aparentemente paradojal, lo que inicialmente parecía ser la mayor fortaleza de la rebelión popular (en Chile), esto es la gran transversalidad social y política de su convocatoria, debida precisamente a la ausencia de una conducción política clara y definida, se ha evidenciado rápidamente también como su mayor debilidad. En efecto, y como enseña clara y categóricamente la experiencia histórica, en ausencia de una conducción política que, gozando de real autoridad y reconocimiento por parte del pueblo trabajador, pudiese unificar las demandas y encauzar audaz y consecuentemente la lucha en una perspectiva de clara transformación social, la fuerza del descontento popular, se encontrará a poco andar en un callejón sin salida” (Ver https://www.rebelion.org/noticia.php?id=263671 ), que es justamente lo que se debe evitar ahora acá en Colombia facilitando la maniobra de la derecha que intenta recuperar terreno con algunas prebendas laborales, pensionales y con los incentivos a las víctimas y los más pobres.
Para sortear la dificultad en curso se necesita entender la propia naturaleza del actual movimiento y protesta social. Como claramente lo ha señalado Dorado, el actual no es un movimiento obrero y campesino exclusivo como lo pretende el Comando del Paro y sus contradictores de las Cumbres agrarias y universitarias, empeñados en una hegemonía de papel (Ver https://www.rebelion.org/noticia.php?id=264961 ).
El actual movimiento es una potente movilización de jóvenes y sectores sociales precarizados surgidos con la crisis social propiciada por el derrumbe del modelo neoliberal. Se trata de un movimiento social surgido de la pauperización que afecta al país. El empobrecimiento es un efecto de la regresión económica contemporánea.
La gravitación de la actual protesta social obedece a los cambios ocurridos en el entramado social.
Como indica Katz, la regresión industrial ha desplazado gran parte de las demandas en las fábricas a exigencias en las calles. Los precarizados le exigen al Estado sin detentar los resortes de la producción. Esa combatividad de los movimientos ha permitido importantes conquistas con el susto de las clases dominantes (Ver https://www.rebelion.org/noticia.php?id=265085 ).
Como amplias masas de la sociedad han sido empujadas a la pobreza y la miseria los gobiernos han incorporado el asistencialismo y los incentivos en gran escala como se da con las víctimas, familias en acción Red unidos e Iraca. Aun así, la pobreza persiste y la resistencia se reanima como ocurre ahora.
Lo que hay que entender es que la actual movilización social tiene como característica el protagonismo de los jóvenes, menos maniatados y resignados, que viven a diario en una situación de gran precariedad e incertidumbre, y al mismo tiempo más distantes y hostiles al sistema político imperante, completamente subordinado a los intereses de los grandes poderes fácticos empresariales, como lo señala Franco.
Seguramente el uribismo, en la actual recomposición política del gobierno de Duque, proyectara acomodarse a este escenario pensando que el crecimiento económico absorberá progresivamente el desempleo diluyendo el impacto de los movimientos sociales, sin embargo, todo eso se revelara como una falsa ilusión.

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